jueves, febrero 12, 2015

Experiencia: Mi primera vez en una playa nudista en Chile

Esta fue una de esas experiencias que estaba en la lista de mis cosas por hacer en la vida. Tras varios años de buscar la oportunidad de cumplirla, al fin el 2015 ha sido el año en que se hizo realidad. Conducí  unos 300 kilómetros desde mi ciudad natal junto a mi familia para llegar a la comuna de Puchuncaví, en el balneario de Horcón, donde se encuentra la única playa naturista o nudista de Chile.
Esta idea de hacer nudismo me viene desde hace muchos años. Precisamente cuando visitó Santiago el famoso fotógrafo Spencer Tunick y unos 4 mil chilenos se desnudaron para su lente. En esa ocasión me arrepentí mucho el no poder asistir a esa actividad. Desde ese momento comencé a indagar sobre el mundo nudista, hasta que descubrí unos años después la famosa Playa Luna. Muchas veces tuve tantas ganas de ir y la verdad, la idea no le convencía a mi pareja, hasta que por fin, logré convencerla.
A penas llegué a Puchuncaví nos dirigimos a Horcón donde encontramos alojamiento. Pero como nada es perfecto, para mi mala fortuna en esos días de enero el clima en gran parte de Chile fue de días nublados en pleno verano. Me preguntaba:¿Por qué a mí? Sin embargo, no tenía muchas opciones pues estaría sólo 2 días en ese sector. Más bien, uno. Pues llegamos en la tarde del miércoles 21 de enero y al día siguiente partía de Horcón para conocer otros lugares que le atraían más al resto de mi familia. Tras investigar en días previos, supe que la playa Luna estaba a casi una hora de caminata desde la caleta. Lo que claramente era incompatible con nuestra pequeña hija de 1 año y peor aún, a mi hijo de 8 años tras explicarle en casa como era esa playa especial, nos dijo que no le gustaría ir. Por ende, no tendría más opción que ir solo pues mi pareja debió quedarse en la cabaña con mi pequeña y mi hijo.

INICIANDO EL CAMINO
Caminando por la playa larga

A pesar de todos los factores en contra, esta vez no podía dejar pasar la ocasión y al día siguiente intentaría ir sí o sí a Playa Luna. Lamentablemente el maldito clima no mejoró. Otra vez nublado. Esperé hasta las 11 de la mañana y nada, no se despejaba para vivir mi día nudista perfecto. De tal manera, que no vi otra que ir solo y con un clima desfavorable. Inicié una caminata muy rápida desde el lugar donde me alojaba y en el camino consulté  a una persona que pescaba en el sector “playa larga” sobre la ubicación exacta y me explicó que Playa Luna estaba al final. Por lo que continué la caminata con energía y entusiasmo. De pronto y tras varios minutos, ya vi el letrero que indicaba que ahí comenzaba la zona naturista.
Mi corazón estaba palpitando muy fuerte, tanto por la caminata, como por el entusiasmo de “conseguir” vivir la experiencia que tanto busqué. Caminé tranquilamente y claro, considerando el clima solo había un visitante más en la playa. Se veía que era un hombre joven. Estaba tan desierta que por segundos dudé si efectivamente era la playa correcta jajaja a pesar del letrero que había visto previamente. Observé nuevamente al joven que retozaba en la playa y confirmé que estaba en el lugar correcto, él estaba vestido sólo con una camisa de jeans y para abajo sin ropa.

AL DESNUDO
El letrero que indica el inicio de Playa Luna

Siguiendo el ejemplo del desconocido, comencé a sacarme la ropa guiándome por la sugerencia que alguna vez leí en internet sobre “Qué hacer en la primera visita a una playa nudista”. Primero, sacarse la ropa que cubre la parte inferior del cuerpo (zapatos, shorts y ropa interior). Comencé por las zapatillas que a todo esto, estaban mojadas por un pequeño accidente en las rocas. En fin. Luego, calcetines, short y finalmente, los boxers. Y ya. Estaba semi desnudo sintiendo el viento y la naturaleza. Luego, de esa primera etapa me quedé un rato recostado sobre la toalla que previamente había puesto y disfruté el momento. Estaba en eso, cuando de pronto veo otra figura que se acercaba a lo lejos. Se notaba que era otro hombre que venía con una gran mochila en su espalda. De pronto me dio la impresión que venía con un traje de buzo. Esa fue la primera impresión. Llevaba sus zapatos en las manos y la gran mochila atada a su cuerpo. Tras acercarse, descubrí que era un hombre mayor. Unos setenta años. Cabeza cana y lentes ópticos. Lo que parecía un traje de buzo era nada menos y nada más que su cuerpo al desnudo, muy bronceado y sin marcas. Claramente un nudista experimentado que llevaba varios días asistiendo al lugar. Pasó frente a mí y para mi sorpresa y con mucha amabilidad me dijo algo. No escuché. Por lo que le consulté por lo que había dicho y repitió: “Que hoy nos falló el sol”. “Ah sí, claro nos falló el clima”, respondí con la mejor de las actitudes, como cuando uno saluda a alguien que comparte alguna afición en común. En ese caso: el nudismo o naturismo.
Debo confesar que cuando pasó el señor mayor totalmente desnudo y con tanta naturalidad fue cuando me dije que ya era el momento de quitarme la polera. Me la quité y fue maravilloso. Espectacular. Nada que decir. El estar desnudo en una playa sin mayores temores, es lo mejor que hay. Jamás había experimentado esa sensación de libertad, tranquilidad y alegría. Fue tanto así que me levanté de la toalla y me puse de pie. A modo de comentario “Freak”, pese a toda la mentalización e indicaciones que había leído sobre lo que no debía suceder, o más bien, lo que no era políticamente aceptable en una playa nudista. Mi cuerpo reaccionó de la manera contraria y una parte de mi cuerpo también se levantó. Evidentemente mi humanidad no se comportó como cuando estoy desnudo en casa. Quizás la falta de costumbre de estar sin ropa al aire libre pudo jugarme en contra. Probablemente eso le pase a todos los novatos. Pero la verdad no me importó nada y me animé a caminar con calma hasta la orilla del mar.

BIENVENIDA DEL MAR
Playa Luna

Aprovechando el calor que me había provocado la intensa caminata (que en mi caso fueron 39 minutos exactos desde la caleta) pretendía mojarme sólo hasta la cintura y me metí al agua con gorro, cuidando mi calva de quemarse por la brisa. Pero el bello mar de Horcón me dijo otra cosa. De pronto y sin darme cuenta, una ola me mojó de pies a cabeza. Fue como divertido. El mar me dio una afectuosa bienvenida y sin buscarlo y sin mayores preparaciones ya estaba totalmente mojado y desnudo por primera vez en el mar. Como ya estaba completamente bañado. Me saqué el jockey mojado y lo fui a dejar con toda dignidad donde estaban mis cosas. Probablemente los otros dos hombres que estaban en la playa se debieron reír bastante.
 Nuevamente me metí al agua experimentando y sintiendo el aire y las olas en cada parte de mi cuerpo. Me dieron unas ganas de correr o saltar por la orilla, pero me contuve. La verdad fue muy especial y por segundos me sentí nuevamente un niño. Me mojé mucho, iba contra las olas una y otra vez y a pesar de ser un día nublado el agua no estaba fría, todo lo contrario, era muy agradable. Por lo que me bañé varios minutos. Luego me salí disfrutando cada paso por la arena y el viento. Estuve de pie al costado de la toalla secándome y sintiendo cada brisa marina y escuchando el sonido de las aves. Fue una linda experiencia.

REGISTRANDO EL MOMENTO


De pronto el joven que estaba distante unos 50 metros de mi y vestido sólo con la camisa se acercó por la orilla caminando. Ya había planeado que si llegaba a playa Luna pediría a alguien que me retratara para registrar ese momento. Venciendo mi tradicional timidez, a conversar con facilidad con extraños, le hice el gesto de que se acercara. Y le dije: “¿Te puedo pedir un favor?¿ Me tomarías una foto?” y él con cierta calma me miró y antes que dudara, le expliqué: “Es para registrar el momento, vengo de lejos y quiero tener un recuerdo de esta vivencia”. “Sí claro, me dijo”. Le di las instrucciones para tomar la foto con mi cámara y listo. Posé frente al joven y ya tenía el registro de ese maravilloso momento. No me erguí completamente, por cierta sensación de vergüenza. Fue extraño. En fin, y tomó la primera imagen. Hice el gesto para acercarme a él y me dice: “¿Te tomo otra?”. Claro le dije. Y tomó la segunda imagen. Por tercera vez hice el gesto de acercarme y dice: “Te tomo una de más cerca” y ahí le dije: “No, muchas gracias. Creo que con esas deben estar bien”. Me mostró las imágenes buscando mi aprobación para ver si estaban bien captadas. Le dije que estaban bien, aunque en mi interior sabía que hubieran sido mejores si no estuviera medio encorvado jajajajaja. Claramente fue porque aquella parte de mi cuerpo seguía muy erguida.
Una vez vistas las fotos, me explayé con ese joven de unos 25 años sobre mi experiencia. La verdad tenía muchas ganas de compartir con alguien lo que estaba sintiendo. Estaba ahogado por la adrenalina. Mientras hablaba y explicaba que siempre había querido estar en Playa Luna, me fui calmando y ya esa parte de mi cuerpo que estaba tensa se relajó. Hablé unos 10 minutos con ese desconocido que se transformó en mi fotógrafo improvisado. Una de las cosas que me preguntó fue: “¿Y la experiencia fue lo que esperabas?” Obviamente le dije que era espectacular y que lamentaba sólo el que estuviese nublado. Me explicó que él venía de Viña del Mar y que era la cuarta vez que estaba. Se despidió, le agradecí su buena onda y se devolvió a su caminata.

ESPIAS EN LA PLAYA
La limpia y bella playa Luna

Tras la conversación con el joven de la camisa, regresé a mi toalla y el frío me invitó a ponerme nuevamente la camiseta. Me senté en la toalla y siempre semi desnudo recibí el llamado de mi pareja para que me apurara en volver a la cabaña pues había que dejarla a las 13 horas y ya casi eran las 12:00. Me quedé unos 15 minutos más así. Disfrutando cada segundo y un poco, procesando todo lo vivido. 
Mientras masticaba la experiencia mirando el mar, de improviso a mi derecha por la orilla diviso 3 figuras femeninas que se acercaban. Claramente una lideraba el grupo. Era una mujer alta y delgada con aires de lo que llamamos “Cuiquita”. Ya saben. Rubia ojos claros. Diría que sobrepasaba levemente los 46 años. De falda larga y ropas medio hipientas era acompañada por otras dos señoras medio regordetas. La que llamaré la “Cuiquita”, se acercaba con cierta cautela por la arena y hacía como que no me miraba. Pero mantenía un gesto en su boca como de sonrisa pícara. Pasó muy cerca de mí diría que a menos de un metro. Claramente era otra persona que venía por primera vez y había avivado a sus amigas a ir. Pero la sonrisa delataba su afán “fetichista” más que de una honesta vivencia de nudismo. En fin, no me importó en lo absoluto. Se sentaron hacia mi costado, casi a mi espalda a unos 30 metros, como escondidas. Se veían nerviosas. De reojo las miraba y como que intentaban actuar con naturalidad pero había ese aire a “actitud de estar espiando”. En fin. Si venían sólo a husmear me dio lo mismo.
 Lamentablemente ya debía dejar Playa Luna. Pero lo dejaría con actitud. Me puse de pie, aún sin mi ropa interior. Ordené mi mochila. Guardé mi toalla, y me la puse a la espalda. Tomé mis zapatillas y caminé con calma. Si querían ver que vieran. Caminé por la orilla del agua feliz de haber cumplido mi sueño y experiencia. Dirigí mis pasos desnudos hasta el límite de Playa Luna. De pronto pasó por mi costado un joven trotando. Me detuve, saqué mi ropa interior y shorts y me vestí con desgano y muy a mi disgusto dejé la playa. Un poco molesto por estar tan poco rato en ese bello lugar pero feliz de haber cumplido unas horas como nudista pero muy en mi interior con la promesa de volver en otra ocasión con más tiempo y con mejor clima en donde el sol no me falle y quizás, con la compañía de otros que compartan conmigo la bellísima experiencia de estar desnudos en la playa.
*Un pequeño video captado en el momento de mi visita y así conozcan la bella playa Luna.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola soy Chileno, mi primer experiencia nudista fue en Miami, USA. playa haulover, y concuerdo plenamente con tu descripción, es un momento único que luego da una cierta pena dejar, la libertad es maravillosa. espero nuestro país avance en estos temas tabú que al final de cuentas no es malo para nadie.

Luca Arceloni dijo...

Que ganas de haber visto la foto completa jejejeje