martes, enero 22, 2013

Drogas y deporte de élite. ¿Corren separados?


La confesión de Lance Armstrong, el gran ciclista ganador de siete tours de Francia y campeón mundial en la especialidad de ruta. No dejaron indiferente a ningún amante del deporte. La caída de un ídolo tuvo consecuencias y sembró la duda sobre quienes hoy ostentan records casi sobre humanos.
Parece increíble que nadie a nivel mundial dudara de aquellas hazañas y que incluso cuando sufrió un cáncer testicular nadie dijera que probablemente fuese efecto del uso excesivo de sustancias prohibidas. Ahora a la luz de la confesión todo parece tener sentido.
Armstrong sólo es uno de los tantos ejemplos de deportistas que se nublaron con el deseo natural por ganar: Maradona, Ben Johnson, Marion Jones, Romario, Claudio Caniggia, Justin Gatlin, Guillermo Coria, sólo por nombrar a algunos que fueron sorprendidos con sustancias prohibidas y que los ayudaron a superar a sus rivales gracias a las ventajas químicas. Atrás quedaron los ideales deportivos de superación y de llevar el rendimiento del cuerpo humano al límite. Todo indica que hoy la verdadera competencia no se da en los escenarios deportivos, sino que entre los químicos y las organizaciones que supervisan a los deportistas. Pero el problema es más profundo pues es necesario preguntarse por qué los deportistas se someten a los riesgos. En la búsqueda de respuestas se vislumbra a la industria publicitaria y el dinero como uno de los principales incentivos y quizás como un cómplice.
Otra arista en el drama son los medios de comunicación, que hoy no han parado de hablar sobre la confesión de Armstrong, pero pocos han confesado que también colaboraron en crear un ídolo deportivo falso al no ser más cautos con aquellas marcas imposibles y que nadie se atrevió cuestionar.  Salvo unos pocos medios franceses y el diario británico “Sunday Times” que intento demostrar el uso de drogas del deportista y que posteriormente fue llevado a tribunales por el ciclista por “difamación”, causa que incluso ganara judicialmente el norteamericano dejándolo con una cuenta bancaria aún más abultada.
 ¿Por qué entonces no dudar de deportistas que hoy son ejemplos por sus capacidades sobre humanas en deportes como el atletismo? Habría que cuestionarse si las imágenes de velocistas ganando con extrema facilidad sobre otros,  no hablan de aquella ayuda extra deportiva. ¿Será el uso de sustancias que hoy no son detectadas por los exámenes antidoping? Es probable que en unos años más, cuando dejen que se desmantele la maquinaria de encubrimientos surja una nueva confesión de alguna estrella deportiva en una entrevista millonaria.
Tal vez los deportistas de alto rendimiento y las sustancias prohibidas nunca han corrido por carriles distintos y quizás la publicidad sólo se ha encargado de darle una mirada más idílica a algo que en la realidad no existe. Es más si pretendemos refugiarnos en la historia y recurrir a Grecia con sus deportistas incólumes e ideales olímpicos, quizás tampoco haya existido. Algo de lo cual yo también me sorprendí pues estudios sobre la práctica del deporte en esa época han demostrado que también se recurrió a yerbas o mezclas naturales que colaboraron a mejorar el rendimiento del cuerpo humano. Incluso una frase del emperador romano Teodosio lo demuestra: “Los juegos son un foco de trampas, afrentas a la dignidad humana y dopaje”.
Al resto de los mortales que vibramos con los éxitos deportivos sólo nos resta reiterar la pregunta: ¿Cuantas estrellas del deporte logran su mejor desempeño, sobrepasando el límite de lo humano, con el apoyo de drogas?

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