jueves, octubre 25, 2012

Al fin! votaciones serán un derecho voluntario


            Este domingo en todo el territorio nacional se ejerce el voto voluntario por primera vez en Chile. Y la verdad no saben la alegría que esto me provoca porque hoy más que nunca el ejercicio de un derecho ciudadano se ejecuta efectivamente. Quizás muchos extranjeros que lean esta columna no entiendan mi inmensa satisfacción porque para su comprensión. Nuestro país tenía un particular sistema de ejercer un derecho constitucional ya que era obligatorio. Sí, como lo leen: Obligatorio y sancionado si no era ejercido. Osea un derecho constitucional pero obligatorio. Era como un automóvil sin motor. Como un chino crespo o un pescado con hombros. Muy raro.
            El proceso electoral chileno era por inscripción. Es decir, para votar debía estar inscrito en el sistema electoral y para ello, se debía ir a la oficina de registro electoral más cercana al domicilio para realizar la inscripción voluntaria pero, eso comprometía más bien, obligaba al ciudadano a votar cada vez que se iniciara un proceso de votación popular. Era bien extraño. Aunque muchos de pensamiento retrogrado aún defiendan ese sistema.
            Es más, tuve muchas discusiones por este punto con colegas de profesión y cuanta persona estaba en desacuerdo con liberar el derecho a votar de manera voluntaria. El argumento de ellos, como dije anteriormente era que involucraba un “deber ciudadano” como si esa frase estuviese vinculada necesariamente a la obligación. Yo argumentaba siempre que los derechos no son obligatorios ni penalizables y particularmente con el de voto. Porque está vinculado de manera indivisible a conceptos básicos de una democracia: el ser ciudadanos libres de pensamiento. Y así muchos pensaban y piensan igual, atados a un sistema sin sentido que el domingo queda solamente en el pasado, y quizás mi hijo cuando sea grande me dirá con asombro: “Papá y si uno se inscribía para votar estaba obligado a hacerlo?”. Será como esas preguntas que uno hacía a los abuelos sobre el pasado sistema electoral chileno, cuando las mujeres no tenían derecho a votar, a comienzos del siglo veinte.
            Reitero que me alegro mucho por el avance que esto significa para mi país ya que este domingo se ejercerá un derecho como debe ser. Sometido a la voluntad del ciudadano libre de querer o no ejercer un derecho constitucional. El voto voluntario es lejos lo mejor que puede existir en un país democrático. Ahora bien, lo interesante de este proceso es que se podrá ver de alguna manera cual será la tendencia de aquí en adelante respecto de la cantidad de personas que votarán quizás en una elección presidencial aunque, tal vez no sean comparables puesto que muchos como yo. No ejerceremos nuestro voto porque en esta situación no hay que elegir entre candidatos que no ofrecen mucho en cuanto a ideas o proyectos de gobierno comunal.
            Volviendo al tema principal de esta columna vuelvo a mencionar lo trascendental de este proceso que está por venir. Ya que además se estrena otra característica que nunca debió ser diferente. Me refiero a las mesas o locales de votación mixtos. Es decir, donde voten mujeres y hombres juntos. Porque hasta el proceso anterior, chilenos y chilenas votaban en lugares distintos. Lo que llamaba a la curiosidad de los reporteros extranjeros. Y como no si era un absurdo por donde se le mirara.
            Quizás el próximo gran cambio que venga para Chile sea cuando se instaure un sistema de votación digital en donde los papeles y urnas de madera queden sólo en los museos  u olvidadas en alguna bodega. Pues la penetración del uso de la tecnología de internet en Chile hoy es altísima y hoy a mi modo de ver para lograr la votación digital sólo se topa en la manera en que se coordinan bases de datos conjuntas para poder hacer un proceso de elección en línea directa. Así como lo hacen muchos países tanto del primer mundo como del llamado tercer mundo.
            Finalmente agregar que el próximo domingo el verdadero ganador de las elecciones municipales no serán los miles de candidatos sonrientes y faltos de ideas que han inundado nuestras calles y barrios sino la democracia, y el ejercicio de un derecho constitucional libre y voluntario. Como siempre debió ser.

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