jueves, febrero 19, 2009

El ancestral arte de sanar con las manos


*Es un verdadero personaje en la ciudad de Ovalle y que gracias a su oficio, uno de los más antiguos en la medicina folclórica chilena, se ha hecho conocido en todo el territorio nacional llegando incluso a atender a estrellas del espectáculo y renombradas autoridades nacionales, quienes han conocido las virtudes de sus manos sanadoras.

Rodrigo Araya Elorza

Es heredero de una casta de curanderos, su madre y su abuela también lo fueron, y hoy en medio del siglo veintiuno, sus manos aún son la cura para muchos que con fé se encomiendan a sus ancestrales conocimientos. Alfredo Castillo Naranjo, más conocido como “El Buey”, lo encontramos como todos los días en la alameda ovallina, en donde capta pacientes para hacer lo que desde niño mejor hace, “componer huesos”.
Un oficio que parece olvidado pero que muchos aún confían más que en la medicina tradicional y científica. No fue complejo ubicarlo bajo una palmera en la alameda ovallina. Su figura inconfundible y nombre casi mítico, lo hacen todo un personaje ovallino.
A Don Alfredo, pocos lo conocen por su nombre pues todos lo llaman “El Buey” , un apodo que conserva desde sus tiempos de boxeador amateur, actividad gracias a la que llegó a ser campeón de unas olimpiadas militares en el norte del país. Pero luego, el tiempo quiso que en vez de dañar con sus manos, estas se dedicaran a ejercer el oficio y don familiar de “componer huesos”.

HERENCIA FAMILIAR

“Yo vengo de una rama de sobadores antiguos, partiendo desde mi abuelita y luego tíos y finalmente mi madre, Filomena Naranjo, quien me enseñó todo lo que sé y que fue muy conocida acá en la zona. Aunque nosotros somos originales de El Peral de Punitaqui”, aclaró orgulloso.
Don Alfredo, nos explica que este oficio ha ido cambiando de nombres con el tiempo, pues tradicionalmente se llamó “componedor de huesos”, y últimamente “sobador”.
“Mi labor comenzó cuando yo tenía como 12 años y ahí jugando a la pelota descubrí este don y cuando mis compañeros se lesionaban ahí intervenía y los mejoraba”.
Según su relato, antes sus pacientes eran principalmente deportistas locales, tales como jugadores de fútbol y otros deportes. Entre ellos, incluidos los ex jugadores de Club Deportes Ovalle, quienes años atrás confiaban ciegamente en sus conocimientos para curar sus lesiones.
“Lo que pasa es que a mi me daba un poco de vergüenza ser llamado compositor de huesos porque antes este oficio se asociaba a personas de edad avanzada y como yo era joven entonces, prefería sólo ser ejercer entre grupos más reducidos como los deportistas. Inclusive las personas en general confiaban más en quienes tenían más avanzada edad”.
Luego nos cuenta que hace muchos años dejó de atender a los deportistas de Club Deportes Ovalle porque un buen día llegaron los kinesiólogos profesionales quienes advirtieron a los futbolistas sobre eventuales peligros en esta práctica. Ante eso, dice: “Preferí cortar por lo sano y dejar de hacer esa cooperación porque ni siquiera le cobraba al club ya que era una atención gratuita y sólo hecha con el
afán de ayudar a mi ciudad”.
En el relato de “El Buey”, las cualidades que debe tener un buen componedor están dadas por un tacto privilegiado, para descubrir cualquier anomalía en los cuerpos de los pacientes.
“Yo vengo de una muy conocida rama de compositores y tanto por herencia como por conocimiento, ejerzo de buena manera este oficio. Incluso no necesito de radiografías para saber si hay fisuras o algo más grave en el cuerpo de algún paciente”.

PACIENTES FAMOSOS

En la conversación nos dice con orgullo y satisfacción que producto de este trabajo ha podido conocer a gente destacada a nivel nacional, quienes también serían testigos de sus capacidades como compositor ya que ellos mismos han confiado en él para curarse de algunas dolencias articulares.
Algunos de sus pacientes más conocidos fue el extinto General de Carabineros José Bernales y su esposa, pareja que falleció en un trágico accidente aéreo. (ver segunda foto donde exhibe su tarjeta).
“Yo conocí al General José Bernales porque fue paciente mío tanto él como la señora Teresita, su esposa. Y prueba de lo que digo son las tarjetas firmadas por él cuando lo atendía”.
“El Buey” nos cuenta que Bernales lo llevaba (en ocasiones en helicóptero) a Santiago para solucionar sus problemas físicos o a veces cuando el desaparecido general visitaba la zona, en el exclusivo recinto de “Las Tacas” hacia donde era llamado para realizar su tarea.
Otro que sería conocedor de su don fue el ex director de Carabineros, Alberto Cienfuegos (antecesor de Bernales). Ambos datos, que no dejan de sorprender, los pudimos constatar con algunos policías uniformados en la ciudad de Ovalle.
En el ámbito de la farándula nacional, también hay algunos nombres dignos de destacar, entre ellos, Juanita Parra (baterista de Los Jaivas) y la reconocida ex animadora Paulina Nin de Cardona, quienes también han sido atendidas en más de una ocasión por este afamado ovallino. Eso sin contar los muchos pacientes que llegan desde el norte y sur del país atraídos por las manos sanadoras de “El Buey”.
Su oficio le ha entregado muchas satisfacciones también en lo personal, ya que ha podido llevar una vida tranquila y sin sobresaltos, permitiéndole tener una casa muy cómoda (en la cual atiende los casos más complejos) además de poder financiar los estudios de sus 4 hijos, quienes todos son profesionales. Entre ellos, un dentista, un contador, asistente social y un profesor.


MEDICINA DIFERENTE
PERO IGUAL DE EFICAZ

En la opinión de nuestro entrevistado, el “arreglo” que el ejerce no tiene nada que envidiarle a la medicina tradicional. “Incluso hay traumatólogos que han quedado sorprendidos con pacientes que yo he curado”, afirmó.
“Pueda que uno no maneje los mismos términos que los médicos pero al final de cuentas con nuestra jerga son los mismos nombres de los huesos y músculos, porque yo también con los años he logrado un estudio del cuerpo humano”, dijo.
Don Alfredo, nos cuenta que el trato con los pacientes, es muy similar a la relación de un médico tradicional, ya que luego de una conversación en que se explica la molestia el procede a tocar la zona para verificar la lesión.
“Yo voy conversando y aclarando que no sentirán dolores, porque lo mejor que uno puede hacer es hacerlos sentir bien, porque finalmente es la recomendación de los clientes la que a uno lo ayuda en esta tarea”.
Respecto de los valores que cobra, no nos quiso dar detalles pero afirmó que todo es conversable según la gravedad de la lesión e incluso según la condición socioeconómica del paciente, ya que hace más de alguna excepción cuando son de condición más humilde.
Castillo aclara que lejos las lesiones más difíciles de tratar son las de columna ya que requiere de una camilla de buena calidad. “En ese caso la persona debe estar relajada y derecha. Ahí no se puede ser brusco y ahí debo ser extremadamente delicado con esa zona”, argumentó.
El componedor nos explica que hoy en día quedan muy pocos que realicen esta actividad ya que ninguno de sus hijos pudieron seguir su oficio. Aunque aclara que la ausencia de más compositores en la actualidad es sólo responsabilidad de quienes no ejercieron en el pasado una buena labor, dejando una serie de mitos relacionados con el dolor intenso que provocaba el someterse a estos tratamientos de la medicina folclórica.
“Lo que ocurre es que, no es por menoscabar la capacidad de los otros, pero muchos de mis iguales eran medios bruscos. En cambio yo hago todo lo posible para que el paciente no sienta dolor al momento de realizar mi trabajo, aplico luz y calor para que sea lo menos doloroso posible”.
Casi al término de la conversación nos contó que confía en que su don no morirá con él pues se siente seguro que estará a buen recaudo en las manos de uno de sus nietos. Aunque esta vez, su herencia familiar, se transmitirá en un futuro profesional de la kinesiología, profesión que su nieto iniciaría este año.
Dejamos a don Alfredo, atendiendo a sus clientes, con el convencimiento de que quizás dialogamos con uno de los últimos herederos de la más pura tradición médico campesina.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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